Cada año, cuando se acerca el Día de Muertos, Ciudad Universitaria cambia por completo. La explanada de Universum se llena de flores, de música y de personas. Hay algo en el aire que se siente distinto, como si todo el lugar se llenara de vida y de recuerdos.
Quienes visitan la UNAM en esas fechas saben que no es una celebración cualquiera. Es una tradición que nos une a todos, una que despierta orgullo y hace sentir que la memoria de quienes se fueron, también puede celebrarse con alegría.
Cada edición deja la sensación de estar participando en algo más grande, algo que ya forma parte del corazón universitario.
Una tradición que nació del arte y la comunidad
La historia de la Megaofrenda de la UNAM comenzó en 1997, cuando un grupo de estudiantes y profesores de la Facultad de Artes y Diseño (entonces ENAP) propuso montar una gran ofrenda universitaria en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
La idea surgió como un homenaje a José Guadalupe Posada, el creador de “La Catrina”, y buscaba unir a las distintas facultades en un solo proyecto artístico. Aquella primera edición fue más pequeña que las actuales, pero sentó las bases de algo que hoy se ha vuelto una tradición esperada cada año.
Con el paso de los años, la Megaofrenda creció hasta convertirse en una celebración masiva que combina arte, historia y reflexión social.
Lo que comenzó con un puñado de altares y estudiantes de arte terminó involucrando a toda la comunidad universitaria, desde bachillerato hasta posgrado. Cada año, miles de personas se suman para mantener viva esta costumbre que ya es parte de la identidad cultural de la UNAM.
De las calles del Centro Histórico a Ciudad Universitaria
Durante varios años, la Megaofrenda se instaló en lugares emblemáticos del Centro Histórico como la Plaza de Santo Domingo, el Antiguo Colegio de San Ildefonso y la Plaza 23 de Mayo, espacios que forman parte de la historia universitaria.
Ahí, los altares se levantaban frente a antiguos edificios coloniales y calles llenas de vida, lo que le daba al evento un toque muy especial. La gente acudía a ver cómo los jóvenes artistas transformaban las tradiciones del Día de Muertos en obras que mezclaban modernidad, color y memoria.
Conforme el evento fue creciendo, la logística se volvió más compleja y la UNAM decidió trasladarla a Ciudad Universitaria.
Desde entonces, la Megaofrenda se ha instalado en espacios como las islas, la explanada de Rectoría y, en años recientes, en la explanada del Museo Universum.
Este cambio permitió que más facultades participaran, se integraran actividades culturales paralelas y el público pudiera disfrutar de la experiencia en un entorno más amplio, accesible y seguro.

Temas que cuentan historias: cada año, una nueva mirada
Una de las cosas más interesantes de la Megaofrenda es que cada edición tiene un tema central, lo que hace que nunca sea igual a la anterior.
Desde 1997, los temas han rendido homenaje a personajes y momentos clave de la historia mexicana. Por ejemplo, en 2010, la UNAM dedicó la ofrenda al Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana, mientras que en 2018 el homenaje fue para el Movimiento Estudiantil de 1968, con altares que mezclaban memoria, arte y crítica social.
En los últimos años, los temas se han vuelto más reflexivos y contemporáneos. En 2023, por ejemplo, se celebró a las mujeres en la ciencia, las humanidades y las artes, mientras que en 2024 la temática giró en torno a “México visto a través del lente”, un homenaje al cine nacional.
Para este 2025, la UNAM anunció que la Megaofrenda llevará el título “Huellas de nuestra historia: migraciones, exilios, refugio y desplazamientos”, con el propósito de visibilizar las historias de quienes han dejado su lugar de origen en busca de nuevas oportunidades o seguridad.
Detrás del color: un trabajo colectivo y apasionado
Nada de esto sería posible sin el esfuerzo de miles de personas que trabajan durante meses para levantar cada altar.
En la Megaofrenda participan más de 70 escuelas, facultades e institutos de la UNAM, además de planteles del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) y la Escuela Nacional Preparatoria (ENP).
Los equipos empiezan a organizarse desde septiembre, planeando los diseños, recolectando materiales y ensayando las presentaciones que acompañarán cada ofrenda.
Detrás de cada altar hay horas de trabajo, ideas compartidas y muchísima creatividad. Lo que más destaca es que la participación es totalmente abierta, ya que se involucran artistas, diseñadores, ingenieros, sociólogos, biólogos y arquitectos.
Cada quien aporta algo distinto, y esa mezcla es lo que le da a la Megaofrenda su energía única. Verla terminada es ver el reflejo del talento, la diversidad y el compromiso que caracteriza a la comunidad universitaria.

La experiencia de vivirla: entre papel picado y memoria
Si nunca has ido, la Megaofrenda es algo que tienes que vivir en persona. El ambiente te envuelve, huele a cempasúchil, hay música en vivo, talleres, exposiciones y gente de todas las edades recorriendo los altares.
Cada uno cuenta una historia distinta y todos están llenos de color, detalles y mensajes. Muchos de ellos combinan elementos tradicionales, como velas, calaveras de azúcar y retratos, con proyecciones digitales o instalaciones interactivas.
En 2025, la sede será nuevamente la explanada del Museo Universum, en Ciudad Universitaria, del 31 de octubre al 2 de noviembre, con horario de 11:00 a 21:00 horas y entrada libre. Durante esos días también habrá presentaciones musicales, actividades familiares y recorridos guiados.
Es una experiencia que conecta tradición, cultura y arte contemporáneo en un solo espacio, donde puedes disfrutar del Día de Muertos con un enfoque diferente, lleno de vida y significado.

A casi tres décadas de su primera edición, la Megaofrenda de la UNAM se ha convertido en una de las celebraciones más importantes del Día de Muertos en la Ciudad de México.
Y esto no se debe solo a su tamaño y belleza, se debe a que mantiene su esencia universitaria. La unión entre conocimiento, creatividad y respeto por la memoria colectiva.
Lo que empezó como un proyecto artístico se transformó en un símbolo de identidad para la comunidad universitaria y un espacio donde miles de personas se reencuentran cada año con sus raíces.
Hoy, la Megaofrenda sigue creciendo y adaptándose a los nuevos tiempos. En cada altar se percibe una mezcla de pasado y presente, la tradición de honrar a quienes ya no están y la visión crítica de una generación que usa el arte para hablar de temas que nos importan a todos.
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